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Desde
que el hombre comienza su carrera por la vida en la
tierra se ha alimentado de casi todo lo que a tenido
a su alcance.
Hace
150.000 años se modificó su dieta con
la incorporación del fuego y es lo que lo diferencia
de otros animales ya que cuece sus alimentos y los
modifica, los insectos fueron y son un elemento que
desde tiempos remotos ha incluido en su dieta, se
los menciona en las Sagradas Escrituras, en muchos
escritos de la historia y se siguen consumiendo en
muchas latitudes.

En
nuestro país, Argentina, no se da como una
costumbre dentro de la alimentación pero podemos
observar que si fue motivo de alimento para varias
etnias nativas antes de la llegada de los europeos.
Los aborígenes “Pampas” (en el
siglo XVIII “Araucanos”; Querandies -pamapas-;
Taluhet –arte oriental y norte-; Diuihet –parte
occidental y sur-), solían pegar fuego a los
pajonales cuando en ellos había mucha langosta,
y así la tostaban, luego la molían y
con su pasta se hacia una especie de pan.
Los Guaycurúes (del Chaco oriental) que reúne:
Abipones; Mbayés; Payaguás; Mocovíes;
Cocolotes Aguilotes –Tobas-; y Pilagáes.
Los Mocovíes comían también la
langosta que asaban ensartándolas en una varilla
a las grandes y cocían a las más chicas.
Me´traux: “Las chicas antes que vuelen
las echamos enteritas en una olla al fuego con poco
agua. Todas se hacen una mantequilla realmente gustosa
y suave; y así se vengan bien de las mangas
de langosta, porque si éstas les comen los
frutos, ellos les comen sus hijos”.
Bueno con todo esto podemos observar la diversidad
cultural y que el hombre lo come todo o casi todo,
la respuesta a si los insectos serán o no el
alimento del futuro queda pendiente para lo que nos
depare el destino, como hombres hemos aprendido a
sobrevivir en distintos medios y latitudes geográficas
adaptándonos a comer todo los que nos ofrecía
el medio ambiente.
Hasta siempre:
Norberto E. Petryk
/ chef
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